|
JULIA ORTIZ MORALES Y SU POESÍA DE FUEGO
Por Carlos Garrido Chalén
Debo comenzar diciendo, que admiro la poesía de esa poeta chilena de fuego incandescente, obrera majestuosa de una literatura de alamedas y vorágines, que es Julia Ortiz Morales.
Pero más que por su propia efervescencia y su ternura incomparable, me gusta por lo que dice sin decir, y por que sin proponérselo, ha alcanzado ese justo centro que de la mano de sus más acendradas motivaciones, nos conmueve.
Puede decirse que en ese eco repetido de clamores y encajes, de instrumentos musicales que aún no ha inventado la vida, ella es un viento solemne, y a la vez un clamor del mismo cielo que alumbra con sus versos. Y aunque también sabe hablar de “entierros ocultos, que alzarán sus ojos y nuestra historia proscrita volverá a la memoria, y seremos ruido, jueces y señores, y las hojas ocres del otoño, que aún yacen tendidas, volverán a sus follajes, a sus bosques llorosos y sombríos”, hay en ella una propensión interminable a la porfía de niño, al trato inocente de la paloma que vuela en busca de la vida.
"...Y ya el crepúsculo nos tiende
su largo manto negro,
recordándonos un Septiembre roto y ensangrentado, espejos de agua yertos en los caminos,
oprimidos en oquedades infinitas del desierto…
Y todo pareciera
olvidarse en el tiempo,
la justicia no llega...
mas, aún hay voces que nos recuerdan,
que debemos y podemos recuperar los sueños..."
O de ese amor que sólo se tiene a sí mismo y se piensa en la claridad del océano, en el ocaso crepusculario para ser sentido, en Marianela Pérez Galdós para enfrentarse al mundo de los grandes; por que ese fue su espacio tembloroso de luz e incienso, su rostro de niña doliente declarándole su amor a los espejos, “allá en La Patagonia argentina, en donde los vientos braman susurros insepultos”.
“Mírame, y reconóceme –dice - en el rostro y la vida de Marilyn Monroe: en ella, en su niña, en sus cristales rotos, también está mi niña...y así nos quedamos, trituradas, quebradas de por vida. Ella, no lo resistió, creo que su hermosura la hizo rodar más aún a los abismos......y también, también, en mi otro costado, el pétalo herido de mi Gabriela...ahí somos tres, sosteniendo el mismo cielo”.
”Y entonces un día, de pronto un día – complementa - encontré que no me quería, y la pequeña poeta se quedó dormida, no siguió sus sueños...Entonces , las cuerdas las dejo donde están.... y sólo de ti me cuelgo en satines invisibles, tan invisibles a los ojos del mundo, mientras clamo en mi desvelo”.
"..¿quién me mandó estos susurros?/ me digo./y en la tarde arropada de sol/ me volviste silencio./y me fui por los caminos /como un pétalo/ tembloroso asustado y huérfano./ Y con tus sonidos en mis encajes / y con mis alas heridas/ quise surcar distancias / quise llegar a esos piélagos tuyos / abanderada de vida./ Pero un día me llegaste en espejos siderales / y desde ese entonces / ...sólo eres dejo./ una voz que me llega y me cautiva /que me adosa a mandatos celestiales. / Y qué hago yo ahora / con tus gorjeos de fuego / qué hago para arrancarte del universo / de tu cítara dueña./ y me borres los dolores / .mis escombros de amante../ Ay, qué hago con tus balbuceos amorosos / desde esta tarde a los días parturientos / que me esperan / si sólo eres resonancia / y yo no podría sostener este cielo / si tus labios me tocaran”.
En Julia Ortiz Morales, nuestra Yuly, cuando su sol alumbra nuestros pétalos, hay una ternura pocas veces alcanzada por poetas de este Continente. Escritora de corazón, su verbo se nutre de la utilidad de una naturaleza que proporciona la acción de sus colores a la retina presurosa de una comprensión que cuando amanece y anochece, crece Por eso es que no es un dígito mas en el firmamento de la poesía de éste Continente. Chile y América tienen entonces que abrir los ojos para comenzar a saborear una poesía como la suya que eriza los pendones, que es fiebre y delicioso aroma de magnolias; que es potencia creadora, redención y el cielo mismo. Y es en ese entrar y salir de la fecundidad del viento, que su poesía se amasija y convierte en intangible incandescencia y también en ruego.
Cuando yo quiero acercarme a la divinidad que vive en los cristales, me acerco a ella para pulsar sus sueños. Y metido en esa majestad irrepetible interpreto al cielo, que no está ahora lleno de arcángeles inflados de alabanza, sino del mensaje enternecido de sus yermos.
Julia Ortiz Morales se parece a ella misma cuando escribe y también cuando camina por las aguas sin fondo de sus versos.
|